Miguel Brenner se destaca por un surrealismo mágico, donde no pinta lo que sueña, sino pinta un mundo que crea, que fantasea que relaciona con elementos y símbolos del mundo ancestral peruano, a la par con las diversas geografía de la costa y sierra principalmente.

EL HOMBRE Y EL TIEMPO

(1988) marca para Brenner el regreso al escenario nacional, luego de su estadía desde 1983 por Francia, Italia, España y Estados Unidos, con exposiciones individuales y colectivas.Eran los tiempos de los ochentas, del terrorismo, de la hiperinflación, del caos y nuestro artista regresa al Perú, en medio del auge en el escenario galerístico limeño del expresionismo y de la nueva figuración. Esa década coincidió con el retorno de varios artistas que trabajaban en Europa, que prefieren clasificar sus obras como simbolistas u oníricas, antes que surrealistas (Wuffarden, 2002: 149).

Según el propio Brenner para este artículo: “La idea fue de pintar el tiempo pero ¿cómo? y me vino a lamente el reloj. En esos años estaba pintando mis personajes voladores, había plasmado y terminado.

Los ingrávidos mitológicos ya tenia entonces el volador misterioso una especie de autorretrato de mis visiones cuando era niño en Pasamayo. Eran mis visiones continuas de preocupación de ¿qué seria en la vida? Al  volador le puse el reloj en el cuerpo y me pareció fantástico sobrenatural me dije: esa es la idea.Curiosamente me faltaba el fondo de la obra tenia que ser algo milenario y de pronto una mañana leo y veo la noticia en los periódicos, en la televisión del gran descubrimiento de las tumbas reales del Señor de Sipán, ese fue el hilo de lo mágico, allí nació ese paisaje de buscadores de tesoros que me contaba mi abuelo y cuando plasmé a mi volador me sentí reconfortado y maravillado“.

El hombre y el tiempo presenta a un ser volador, un personaje épico, ataviado por una suerte de armadura compuesta de poliedros, con un casco con cuerno y de puntas continuas que dan paso a una hilera de plumas coloridas. El personaje estira el brazo con intención de avance, sus ojos no están cerrados, sus ojos están abiertos pero como en ensueño. El cuerpo del volador termina en una cola medio pez, medio ave; y en el centro de la figura un arpa, la música, el ritmo, conteniendo a un reloj sin números, motor y corazón del personaje.

nuestro volador lo sostienen desde arriba y desde un lado, proyecciones de luz provenientes de una arquitectura a modo de marco escenográfico proyectado hacia delante y detrás al mismo tiempo. El volador en realidad ha fijado su mirada sobre una lagunilla y las montañas de arena de un desierto, al costado se presenta un yacimiento arqueológico, de algún sitio sagrado del Perú Antiguo, separado por un camino en perspectiva avanzando hacia el centro de la composición; hacia el otro lado la imagen difusa de una sociedad industrializada, es decir las civilizaciones antiguas al mismo tiempo con las modernas juntas pero no mezcladas. En primer plano aparece parte de un biombo, ¿una taza volteada?O quizás sólo un totem del mundo mágico de Brenner.

Y hacia la derecha un ave de cabeza roja y de largo cuello de plumas de pavo real sosteniendo nuevamente al tiempo, esta vez bajo la imagen de cuatro relojes en los diferentes horarios de este mundo. En esta obra Miguel Brenner ha hecho gala del dibujo académico y detallista, aún cuando los personajes y escenarios sean irreales o ‘deformados’. La estructura de la composición juega por un lado con lo horizontal, roto por una perspectiva central que otorga profundidad y distribuye los espacios. Los colores son cálidos amarronados, salpicados por azules y amarillos. Lo interesante es que la luz también compone, divide creando espacios misteriosos y otros hasta tenebristas. Con

El hombre y el tiempo, el artista logra una pintura de variadas interpretaciones, el volador invita a continuar hacia el vacío del centro, de lo misterioso, de lo que es proclive a variados mundos: los del arte, de la ciencia, la cultura, la historia.

El hombre y el tiempo se convierte en la catarsis de Brenner frente al de venir del futuro y también el de unir el pasado con el presente. Brenner es el Volador, posee el reloj, lo porta porque maneja el tiempo, lo soporta, lo hace llevadero. Crea mundos metafísicos paralelos, compone seres en base a otros, todo es mágico porque se lo inventa Brenner.

El hombre y el tiempo convierte a este artista con justa razón en el ‘pintor mágico surrealista del Perú’ como el mismo se denomina.

MIGUEL BRENNER

Nació en 1953 en Huaral. Estudió en la Escuela Nacional Superior Autónoma de Bellas Artes del Perú, promoción Gerardo Chávez (1973-1979).Ha realizado numerosas muestras individuales y colectivas. Sus obras se encuentran en colecciones deParís, Italia, España, Japón, Israel, EEUU, New York,Miami, Aruba y Latinoamérica.En 1994 recibió el Premio Internacional a la Crítica enValparaíso, Chile, y en 1979, el Premio Escuela Nacional de Bellas Artes del Perú.Es fundador y líder del Grupo Encuentro, de los años 80’s http://www.miguelbrennerart.com

Escritora: ALBA CHOQUE PORRASHistoriadora del Arte / Universidad de Murcia albachp.qelqay@gmail.com
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